San José

Diario digital del Centro Josefino de Chile

12 agosto 2007

Jean-Pierre Médaille fundador de las Hermanas de San José


Las hermanas de San José del padre Médaille

(Le Puy - 1650)

Una fundación

Monseñor Henri de Maupas, capellán de Ana de Austria, vino a Puy-en Velay a tomar posesión de su sede episcopal en 1644. Una de sus primeras actividades fue de volver a poner en funcionamiento el Hospital de Montferrand que acogía a las niñas huérfanas y a las mujeres viudas. Françoise Eyraud, la futura superiora de la primera comunidad de Hermanas de San José de Puy, presentes en el Hospital desde 1646, fue nombrada maestra de las huérfanas. Un documento de 1648 nos enseña que el hospital lleva el nombre de Casa de la Caridad de las Hijas Huérfanas de San José. ¿Esto sería porque las niñas y las mujeres que trabajaban allí ya vivía el Reglamento dado a las Hijas de San José por un padre jesuita, el padre Jean-Pierre Médaille, desde 1646? ¿O simplemente porque Monseñor de Maupas tenía una devoción particular hacia ese santo?

Siempre, en el mismo tiempo, el padre Médaille y Monseñor de Maupas prepararon, por una parte el reagrupamiento de las primeras Hermanas de San José y, por otra parte, el Hospital de las Huérfanas del cual ellas debieron ocuparse. El reglamento, primeramente esbozado por un proyecto de vida, lleva también el nombre de Reglamento para las Hijas de San José. La fecha de fundación oficial nos es dada por el prefacio de las primeras constituciones de 1694.

Es el día quince del mes de octubre, fiesta de santa Teresa del año 1650 que el obispo reúne las primeras Hermanas en el Hospital de las Huérfanas de Puy, y les da el conducto. Les hizo una exhortación por la que anima a todas aquellas nuevas hermanas al más puro amor de Dios y a la más perfecta caridad del prójimo; y en fin, él les da su bendición. En seguida las pone bajo la protección del glorioso San José y les ordena que su congregación se llame la Congregación de Hermanas o de Hijas de San José; y les da las Reglas bajo su conducto y en fin confirma el establecimiento de dicha Congregación, y las reglas que les había dado por sus Cartas de aprobación del dos de marzo de 1651.

El nombre de San José: ¿Por qué esta elección?

Permaneciendo en la sombra hasta el siglo XVI, San José toma entonces un lugar de primer plano en la devoción católica. Teresa de Ávila en 1562, pone bajo el patrocinio de San José el primer Carmelo reformado que ella fundo en Ávila. Podemos recalcar que la fundación oficial de la nueva congregación tuvo lugar el 15 de octubre de 1650, en la fiesta de Santa Teresa de Ávila.

A mediados del siglo XVII, por las hermanas que él llama Hermanas de San José, el padre Médaille redacta en primer lugar un Reglamento y posteriormente las Constituciones. La elección del 15 de octubre es ciertamente significativo de la vocación mística de las Hermanas de San José. Al inicio del Reglamento, el Padre Médaille indica que la Congregación lleva el nombre de San José por ser especialmente amante de la virtud escondida en este gran santo. La palabra virtud debe ser tomada en su sentido fuerte, en el siglo XVII, de vigor físico y moral. San José es el hombre que lleva en él una santidad vigorosa y discreta, santidad expresada más profundamente como una consagración a honor de la Trinidad del Cielo: Padre, Hijo y Espiritu Santo, santidad vivida al modo de la Trinidad de la tierra: Jesús, María y José, por una gran unión y caridad entre ellas y hacia todos tipo de prójimo. En tiempos del P. Médaille esta enumeración, —un poco artificial para nosotros— de seis personas, a cada una de las cuales está asociada una virtud o una actitud espiritual, es una suerte de resumen catequético, fácil de retener, y puede ser conveniente a todo cristiano.

Formas nuevas para la vida de las hermanas

El hábito de las hermanas dónde vestirlo.

En esta época, los hábitos servían como puntos de referencias sociales. Las etapas de la vida de la mujer: joven, mujer casada o viuda, era señalada en sus vestidos.

En las primeras Constituciones, el Padre Médaille da a las Hermanas de San José el hábito de viudas según su condición social y el mejor lugar del pueblo o del campo Las Hermanas conocen, ciertamente el hábito de las viudas de su región y de su propia condición social. Punto que no tiene necesidad de precisar más profundamente. La venda sobre la frente es el signo distintivo de las viudas. Las Hermanas de San José han adoptado también un signo distintivo propio: un crucifijo de bronce sobre madera negra que estará atado en el cuello y colgará delante del pecho.

De ese día, al día siguiente, habiendo cambiado de hábito, esas mujeres cambiarán de estatus social. Llevando el hábito de viudas, ellas pueden ya salir solas por la calle, o en dos, de preferencia, para dirigirse a la iglesia, cerca de los pobres y de los enfermos, y esto sin faltar a la beneficencia. Ellas pueden también recibir toda suerte de gente en su casa: hombres y mujeres, niñas para instruir, que respeten las reglas de convivencia. Esta libertad más grande de vida y de acción dada a las viudas en esta sociedad, en razón de su responsabilidad familiar, el Padre Médaille le servirá para abrir a las Hermanas de San José toda una libertad apostólica. En los textos primitivos de las Hermanas de San José, como en su vida, la insistencia sobre la toma de hábito no tiene el sentido conventual, sino más bien un sentido de presencia apostólica y de proximidad para un mejor testimonio.

Las casas de las hermanas de San José

En los primeros textos dados a las Hermanas de San José, el Padre Médaille presenta dos tipos de vivienda:

Una vivienda para las hermanas llamadas agregadas que permanecerán en su pueblo. Estas son pequeñas casas rentadas o propias en las cuales ellas se juntan en pequeño número de hermanas. Ellas guardan una especie de clausura y no salen sino para ir a la iglesia y a los ejercicios de caridad. En cuanto a las personas acogidas, en la casa, la clausura respecto a las reglas de beneficencia de su medio. Además, los momentos de la jornada están reservados a la acogida y otros a la vida propia de la comunidad.

El otro tipo de vivienda es aquel de las hermanas que trabajan en el hospital o en otra casa de acogida para los pobres. Un apartamento está reservado a las Hermanas; el puede estar subdividido en diversos lugares de habitación en los cuales haya uno de clausura para ellas y otro para recibir a las personas seculares, según las necesidades de la caridad espiritual y corporal. Los hospitales y otras casas de acogida comprenden siempre una capilla para el uso de todos.

Las casas de las hermanas, casas privadas o de servicio público, son entonces casas de servicio apostólico.

La vida cotidiana: oración y trabajo

La jornada de las Hermanas de San José retoma, en su estructura el marco cotidiano de las Hermanas de la Visitación, pero también una diferencia significativa: los tiempos de trabajo, en la casa y fuera de ella, tienen un lugar más grande. Según la óptica del padre Médaille, la vida espiritual de las Hermanas de San José, su relación con Dios, debe vivirse, cumplirse tanto en el trabajo y el servicio del prójimo como en la oración.

En cuanto al ejercicio de la misericordia tanto espiritual como corporal, el abanico de servicios propuestos es muy amplio: el cuidado de la santidad, la comida, el trabajo social de educación, la visita de las prisiones, la ayuda a las mujeres perdidas. En el servicio de la misericordia espiritual, está el acompañamiento espiritual de las personas que trabajan con las hermanas en el servicio de los pobres, para aprender de ellos como pueden anunciar la gloria de Dios a sus familias y a los vecinos de sus casas.

“En honor de San José…”

Todos estos diferentes aspectos se articulan y se unifican entorno del fin mismo de la congregación: una vida totalmente consagrada al puro y perfecto amor de Dios, en honor de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; y en honor de Jesús, María y José, Como Jesús, ellas deben ser plenamente celosas de la gloria de Dios y de la salvación del prójimo, abrazando todas las obras de misericordia de las que ellas sean capaces. Con María el Padre Médaille as invita a la docilidad al Espíritu Santo. Y, en fin, a honra de San José, las Hermanas deben ser toda unión y caridad entre ellas y hacia toda clase de prójimo, que buscaran amar con un amor cordial semejante a aquel que tuvo San José por su querida esposa y por Jesús el Salvador. A ejemplo de San José, el Padre Médaille invita a las Hermanas a amar todo prójimo de un modo humano y fuerte, tierno y cordial.

Thérèse Vacher,
Hermana de San José.

Tomado de: Revista San José de Allex, N. 995 Julio-Agosto 2007, pp. 4-6.
Traducción del francés: Cenjosch

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1 Comments:

At 8:44 p. m., Blogger Ene said...

Felicidades a las hermanas de San José en Chile. Soy Enedina Juarez de las Hnas de San José de Lyon de la provincia de Mexico en el sur de los Estados Unidos. Saludos a todas las hermanas y asociados por allá.

 

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