San José

Diario digital del Centro Josefino de Chile

24 mayo 2005


San José Obrero. Posted by Hello

20 mayo 2005

María acopañada de la solicitud paterna de José acogió a su Hijo

3. Acompañada de la solicitud paterna de José, María acogió a su Hijo. En el hogar de Nazaret Jesús alcanzó su madurez, dentro de una familia, humanamente espléndida y transida del misterio divino, y que sigue siendo modelo para todas las familias.
A este respecto, en la convivencia doméstica la familia realiza su vocación de vida humana y cristiana, compartiendo los gozos y expectativas en un clima de comprensión y ayuda recíproca. Por eso, el ser humano, que nace, crece y se forma en la familia, es capaz de emprender sin incertidumbres el camino de bien, sin dejarse desorientar por modas o ideologías alienantes de la persona humana.

Carta del Santo Padre Benedicto XVI a la Conferencia Episcopal Española con motivo de la Peregrinación Nacional al Santuario de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza.
19de mayo de 2005

Meditación 50 aniversario fiesta san José Obrero

Cincuenta años a la escuela de José

El primero de mayo de 2005 la Iglesia celebra los 50 años de la proclamación de San José como patrono de los trabajadores. En 1955, el Papa Pío XII presentó, ante unos 150, 000 trabajadores y trabajadoras, al esposo de María y padre de Jesús, como su modelo en el trabajo. Este acontecimiento deber ser para la Iglesia motivo de alegría, porque vemos a José salir del marco en el que generalmente se le representa: la escena navideña del pesebre: sólo como testigo, a veces lejano, del evento de la Encarnación del Hijo de Dios en los brazos de María.

La mayoría de las meditaciones con las que nos encontramos acerca de José de Nazaret nos hablan de su fe, de su obediencia, de su castidad, de su justicia, de su silencio... y es precisamente la cotidianidad del trabajo, realizado calladamente por este hermano nuestro, en el taller de Nazaret, la que no nos debe pasar desapercibida en esta fiesta (memorial opcional para algunos).

Lejos de obviar la actividad manual, de un descendiente de la casa de David, esta fecha litúrgica nos debe conducir a meditar, con profundidad, en este rasgo, netamente humano, en el contexto del cincuentenario de la proclamación de José como protector de todo hombre y mujer que trabaja..

El carpintero de la familia de David nos invita a contemplar que este gesto realizado en Nazaret implicó desempeñar un oficio, ganar honradamente el pan de cada día, imitar a Dios en su obra creadora, sostener a su familia, servir a los paisanos... pero fue algo más que todo lo anteriormente enunciado: fue una misión de servicio, hecha con fe y amor, al hijo de Dios que crecía en su casa. Ciertamente contempló el misterio en Belén, pero también supo mirar con atención su trabajo en el taller. Sin duda encontró descanso en el amor de Jesús y de María; pero también se fatigó trabajando con sus manos. No dijo una palabra para los creyentes; pero el ruido de su afán en el taller de Nazaret nos llama a escuchar este discurso sin palabras. Un discurso que movió, mueve y moverá a nuestro mundo. Sin palabras, pero con obras, salidas de sus manos, que nos invitan al asombro, a la bendición y a la contemplación.

Trabajar es una actividad que lleva en sí cansancio y satisfacción; sacrificio y entrega; penas y alegrías; ilusión y esperanza. Todo esto lo conoció José. Y al mismo tiempo que con empeño fabricó muebles, levantó muros y construyó casas; con amor constante formó la conciencia, despertó la fe y moldeó la personalidad y el corazón de Jesús, llamado Cristo.

Jesús, al que miró, educó, e hizo crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres es parte del trabajo obrero de José. Siendo niño le entregó su cultura, su fe, sus conocimientos; siendo joven lo hizo crecer en las costumbres de su pueblo, en la destreza del trabajo y en la mirada creyente; al mismo tiempo que lo hizo empaparse de la realidad humana del trabajo. Jesús se ocupó, ciertamente, de las cosas de su Padre del Cielo; pero también se ocupó de los esfuerzos y preocupaciones de aquel que Él mismo llamó abbá José, aquí en la tierra.

Estas cinco décadas de celebración de San José obrero deben llevarnos a contemplar en José no sólo las virtudes espirituales presentes en el Custodio del Redentor sino a meditar, más frecuentemente, las realidades humanas que Jesucristo hizo sobrenaturales a la escuela del esposo de María.

P. Óscar Hernández Zavala m. j.

Ficha histórica de la fiesta de San José Obrero

El primero de mayo de 1955


En 1955 la Iglesia propuso, oficialmente, la figura de San José como modelo de los trabajadores. Se introducía, así, una perspectiva religiosa en una jornada cuyo origen se remontaba al 1 de mayo de 1890, día en el que simultáneamente los trabajadores de varios países, por primera vez, pedían con manifestaciones públicas, la reducción del horario de trabajo a ocho horas. Nacerá, así la fiesta del trabajo, que la Iglesia quiere iluminar con la ejemplaridad del artesano de Nazaret, al quien fue confiado el mismísimo Trabajador Divino.

El Evangelio define muchas veces a San José, hombre justo. La tradición de la Iglesia lo califica como Nutritor Domini (la frase italiana “padre putativo” es de tipo jurídico, el título latino indica más bien los deberes de seguridad, educación humana y tutela ejercidos por quien siguió de cerca el crecimiento de Jesús).

Para encontrar las primeras alusiones a un culto público oficial difundido debemos llegar al siglo XI. La fecha del 19 de marzo, como memoria litúrgica de San José, es señalada por primera vez en un martirologio del siglo VIII, originario, probablemente de Francia septentrional o de Bélgica. El motivo de la opción de esta fecha es desconocido. Cierto estudioso la remonta a una fiesta que se celebraba en Roma en honor de Minerva y que era señalada, justamente, el mismo 19 de marzo. Tal solemnidad, en Roma, era la fiesta de todos los artesanos, una especie de gran fiesta trabajadora, casi una anticipación de nuestro primero de mayo.

Desde la antigüedad, por tanto, la Iglesia había asociado la figura de San José al trabajo. De la segunda mitad del siglo XV la figura del santo adquiere siempre mayor relieve, como da testimonio el continuo grado de crecimiento de la memoria litúrgica. Mas para una conexión explícita con el mundo del trabajo debemos esperar el año 1937, cuando el Papa Pío XI en la encíclica, Divini Redemptoris, presenta a San José como modelo y patrono de los obreros.

2. Pío XII y la opción pastoral.

El 1 de mayo de 1955 el Papa Pío XII se dirigía a las Acli (Asociaciones Cristianas de Trabajadores Italianos) en el décimo aniversario de su fundación. Estamos en la tercera fase del largo pontificado del papa Pacelli (Pío XII) y, después los duros contrastes con los regímenes fascistas y nazistas, después del ciclón bélico, la acción del Papa muestra una precisa opción pastoral para la reordenación del mundo católico en un decenio de veloces cambios: la creciente urbanización, la afirmación de la industria y la perdida del peso del artesanado y la agricultura, la difusión de costumbres y modelos de vida extraños a la cultura católica italiana, y los presagios de una mejoría económica que habría tocado el culmen en los sucesivos años sesenta.

L’Osservatore Romano daba así la noticia: “La presencia de Cristo y de la Iglesia en el mundo obrero. El 1 de mayo solemnidad cristiana” Las fotos de la época presentan un panorama extraordinario: Plaza San Pedro estaba llena y la multitud, llenaba también la plaza Pío IX, desbordaba a lo largo de la Via de la Conciliación.

Pablo VI y la fiesta del 1 de mayo.

Celebrando el décimo aniversario de la fiesta, el 1 de mayo de 1965 el Papa Paolo VI motivaba sobre un plano exquisitamente teológico la decisión de poner un fuerte sello cristiano sobre una fiesta que había encontrado en otro lugar sus orígenes: esto es coherente con el genio teológico del cristianismo, “el cual descubre en toda manifestación auténtica de la vida un campo siempre posible y casi predispuesto a la economía de la Encarnación, a la penetración de la divinidad en lo humano, a la infusión redentora y elevante de la gracia”.

En los inicios del nuevo milenio nuevos temores se presentan sobre el futuro de quien ya trabaja y de las generaciones que vendrán a cuyas mentes, a cuyas manos, a cuyas energías trabajadoras será confiada la creación: a todos la Iglesia vuelve a proponer la intercesión de San José, hombre justo, discreto y trabajador, que mejor que cualquiera supo conjugar la acogida plena del misterio con la plena responsabilidad humana hacia el prójimo, el mundo y la historia.
Traducido del original en italiano que aparece en :


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